Hay una pregunta incómoda detrás de muchas relaciones que duelen: las personas que más te obsesionaron en la vida, ¿te daban amor o te daban incertidumbre?
Muchas veces no nos enamoramos de las personas. Nos enamoramos de las sensaciones que nos provocan. Y cuando llevamos años asociando el amor con la tensión, la persecución y la incertidumbre, la calma puede llegar a parecer aburrimiento, y no paz.
Es entonces cuando alguien nos trata bien y el sistema no sabe qué hacer con ello. Lo que interpretamos como falta de química puede ser, en realidad, la ausencia de la ansiedad que confundíamos con pasión. Y lo que interpretamos como amor, muchas veces, es una herida antigua buscando algo que ya conoce.
La diferencia entre amor, ansiedad y dependencia emocional no siempre es evidente desde dentro. Por eso algunas relaciones enganchan tanto aunque hagan sufrir: no ofrecen bienestar, ofrecen algo familiar. Reconocer esa diferencia es el primer paso para dejar de confundir intensidad con amor real.
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